Amanecí con ganas de pegar el grito, parpadeando con rostro poco amigable, aguantando moretones de insolentes, brindándome de lleno a la libertad. Abrazado a la ilusión que me condena, que me condena. Me acomodo, la mochila más pesada, recuerdos ingratos lamentan la presencia, de esa oscura sombra que acechaba, pero ahora estoy.

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